Qué cosa difícil puede llegar a ser memorizar el nombre de una persona que recién conoces.
Te la presentan y entonces dices -"Mucho gusto. <Tu Nombre>" y la otra persona de igual forma (justo en el mismo instante) dice -"Hola, mucho gusto. <Su Nombre>", pero sabemos que en realidad -prácticamente- ninguno de los dos entendió muy bien lo que su interlocutor intentaba comunicarle : su nombre. Cada uno se concentra en esa formalidad de decir -"Mucho gusto" seguido de su nombre- y ocupa fácilmente su mente en lo que tienen que decir en ése instante menos en la tarea realmente importante que es por supuesto escuchar atentamente -e intentar asimilar- el nombre de la otra persona para en una ocasión posterior (suponiendo que de hecho la habrá) lograr recordar -seguido de un ligero esfuerzo- ese nombre que casualmente siempre olvidamos.
Contemplando la famosa ocurrencia en la que justo olvidamos el nombre de la persona que nos habían presentado, y debemos o queremos saludarla, recurrimos al típico -"Ay, oye, ¿cómo es que es tu nombre?" o simplemente decimos -"¿qué más?: *amigo, *hombre, *hermano, *viejo, o bien prescindiendo del sujeto explícito (es decir, mediante un sujeto tácito) decir -"¿qué más?" así llanamente- para no quedar demasiado mal ante la otra persona revelándole que no fuimos capaces de atender a su nombre cuando nos presentamos y mucho menos memorizarlo.
Atendiendo a (Todo) este análisis concluí que con mi buena memoria (en realidad tengo buena memoria. No es un sarcasmo), debo ser lo suficientemente sincero con la otra persona (la que acabo de conocer) como para pedirle que me repita su nombre un instante después de conocerla, dado que no me es suficiente para asimilarlo la primera vez, y así advertirle que hago todo mi esfuerzo y tomo todas las precauciones (posibles) para realmente aprender -y memorizar- su nombre y aún, seguirlo recordando la siguiente ocasión en que deba hacerlo.
Lo que yo digo en el momento en que acabo de conocer a alguien es pues:
-¿me repites tu nombre una vez más (una segunda vez)? por favor,
la segunda vez me lo aprendo de por vida-
Y de hecho así me sucede. De por vida y así no vuelva a ver a ésa persona me acuerdo perfectamente del nombre (es claro que también del rostro).
En tal caso que la memoria me falle o que no haya hecho bien ésta última parte, siempre que no recuerde el nombre de la persona cuando la vuelva a encontrar, tengo la oportunidad de amablemente -y con una sincera sonrisa- preguntarle -"Ay, oye, ¿cómo es que es tu nombre?..."
Te la presentan y entonces dices -"Mucho gusto. <Tu Nombre>" y la otra persona de igual forma (justo en el mismo instante) dice -"Hola, mucho gusto. <Su Nombre>", pero sabemos que en realidad -prácticamente- ninguno de los dos entendió muy bien lo que su interlocutor intentaba comunicarle : su nombre. Cada uno se concentra en esa formalidad de decir -"Mucho gusto" seguido de su nombre- y ocupa fácilmente su mente en lo que tienen que decir en ése instante menos en la tarea realmente importante que es por supuesto escuchar atentamente -e intentar asimilar- el nombre de la otra persona para en una ocasión posterior (suponiendo que de hecho la habrá) lograr recordar -seguido de un ligero esfuerzo- ese nombre que casualmente siempre olvidamos.
Contemplando la famosa ocurrencia en la que justo olvidamos el nombre de la persona que nos habían presentado, y debemos o queremos saludarla, recurrimos al típico -"Ay, oye, ¿cómo es que es tu nombre?" o simplemente decimos -"¿qué más?: *amigo, *hombre, *hermano, *viejo, o bien prescindiendo del sujeto explícito (es decir, mediante un sujeto tácito) decir -"¿qué más?" así llanamente- para no quedar demasiado mal ante la otra persona revelándole que no fuimos capaces de atender a su nombre cuando nos presentamos y mucho menos memorizarlo.
Atendiendo a (Todo) este análisis concluí que con mi buena memoria (en realidad tengo buena memoria. No es un sarcasmo), debo ser lo suficientemente sincero con la otra persona (la que acabo de conocer) como para pedirle que me repita su nombre un instante después de conocerla, dado que no me es suficiente para asimilarlo la primera vez, y así advertirle que hago todo mi esfuerzo y tomo todas las precauciones (posibles) para realmente aprender -y memorizar- su nombre y aún, seguirlo recordando la siguiente ocasión en que deba hacerlo.
Lo que yo digo en el momento en que acabo de conocer a alguien es pues:
-¿me repites tu nombre una vez más (una segunda vez)? por favor,
la segunda vez me lo aprendo de por vida-
Y de hecho así me sucede. De por vida y así no vuelva a ver a ésa persona me acuerdo perfectamente del nombre (es claro que también del rostro).
En tal caso que la memoria me falle o que no haya hecho bien ésta última parte, siempre que no recuerde el nombre de la persona cuando la vuelva a encontrar, tengo la oportunidad de amablemente -y con una sincera sonrisa- preguntarle -"Ay, oye, ¿cómo es que es tu nombre?..."



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